Publicado 9 de enero de 2026 en Baño por guada.velez

Las toallas blancas son un infaltable del hogar. Dan sensación de orden, limpieza y bienestar, pero también son las primeras en mostrar señales de uso: manchas, pérdida de brillo o ese tono grisáceo que aparece con el tiempo. En Arredo sabemos que los textiles acompañan la vida cotidiana y que, con los cuidados correctos, es posible mantenerlos impecables por más tiempo. Porque cuando los objetos duran y se ven bien, el hogar se siente mejor.
Con el uso diario, las toallas acumulan residuos de jabón, restos de crema, minerales del agua y hasta suavizante mal enjuagado. Todo eso se adhiere a las fibras y les quita luminosidad. Si además se guardan húmedas o el baño no ventila bien, el proceso se acelera. Por eso, antes de pensar en “blanquear”, es importante entender qué les pasa: muchas veces no es suciedad visible, sino acumulación.
Cuidarlas desde el principio evita que se deterioren y ayuda a que sigan acompañando tus rutinas con la misma frescura del primer día.
El primer paso es un buen prelavado. Un truco práctico es dejarlas en remojo con agua tibia y bicarbonato de sodio durante 30 minutos. El bicarbonato limpia de manera suave y ayuda a remover residuos sin dañar las fibras.
Luego, llevá las toallas al lavarropas con tu detergente habitual. Si querés reforzar el efecto blanqueador, podés agregar un chorrito de vinagre blanco en el enjuague: equilibra el pH, evita que queden restos de jabón y mejora la textura.
Cuando las toallas están muy opacas o tienen manchas persistentes, sumá un blanqueador apto para textiles blancos. Los productos a base de oxígeno activo son ideales porque limpian en profundidad sin debilitar la tela, a diferencia del cloro. Usados de forma periódica, ayudan a que el blanco se mantenga brillante sin afectar la suavidad.
Sí. Además del bicarbonato y el vinagre, existen otros métodos suaves que ayudan a recuperar la blancura sin químicos fuertes. Uno de los más efectivos es lavar las toallas con agua caliente y jugo de limón, que funciona como blanqueador natural y refresca la tela.
Estos métodos son ideales para mantenimientos frecuentes, especialmente si querés evitar productos más agresivos. Sin embargo, cuando el tono gris o amarillo está muy instalado, lo mejor es combinar este truco natural con un blanqueador seguro para textiles.
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La mayor parte del cuidado está en los hábitos de uso y lavado:
Si usás secarropas, elegí temperaturas moderadas para preservar la suavidad. Al secarlas al sol, hacelo del revés para proteger las fibras. Un sacudón antes de colgarlas ayuda a que vuelvan a sentirse suaves.
Un mantenimiento mensual con bicarbonato o con un blanqueador suave es suficiente para que las toallas blancas mantengan su frescura original. Además, evitá suavizantes muy espesos.
Las toallas son parte de la vida cotidiana y merecen un cuidado que las mantenga lindas y funcionales. En Arredo creemos que los textiles no solo cumplen una función: transforman espacios y acompañan momentos. Con los productos adecuados y algunos hábitos simples, las toallas blancas pueden lucir como nuevas por años. Porque cuando cuidamos lo que usamos todos los días, estamos creando hogar.